COMUNIDADES NEOCATECUMENALES

 

PRESENTACION DEL CAMINO NEOCATECUMENAL

 

El Camino Neocatecumenal es una realidad eclesial surgida como fruto del Concilio Vaticano II y viene definida en su Estatuto, citando palabras de Juan Pablo II, como un itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos de hoy.

 

DESARROLLO HISTORICO

 

Surgió en Madrid a comienzos de los años sesenta. Un joven de clase media, Kiko Argüello, artista con gran proyección profesional, tras una grave crisis existencial, sintió la necesidad de encontrar sentido a su vida, e inspirado por una frase de Juan XXIII, se fue a vivir como un pobre entre los pobres de un barrio de chabolas. Posteriormente se unió a esta experiencia Carmen Hernández, una chica con inquietudes de misionera, y más tarde el religioso comboniano Padre Mario Pezzi.

 

Comenzó a formarse entre aquella gente un pequeño grupo de personas que, debido a la destrucción de sus vidas (entre ellos había ladrones, prostitutas, alcohólicos), se sentían atraídos y consolados por la Palabra de Dios, quedando impresionados especialmente por la predicación del Kerigma o Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesucristo, que propició la expansión de la Iglesia Primitiva. Este encuentro vital con la Palabra les impulsaba a celebrar en grupo la Liturgia y, como consecuencia, comenzaba a darse en cada uno un cambio moral que les llevaba a regenerarse socialmente al tiempo que aparecía entre ellos, sorprendentemente, la comunión. Así, sin un programa prefijado, se fue consolidando este pequeño grupo que denominaban “comunidad” y que se apoyaba en el “trípode” en que actualmente se sustenta el Neocatecumenado: Palabra de Dios, Liturgia y Vida en Comunidad.

 

Conocida esta experiencia por D. Casimiro Morcillo, Arzobispo de Madrid y activo participante en el Concilio, animó a llevar la misma a las parroquias de la diócesis. Se comenzó a dar entonces la circunstancia de que algunas personas tradicionalmente “de Iglesia” no experimentaban la radical transformación moral como la gente de las barracas, que tenían los pecados “a flor de piel”. Por ello comenzó a surgir la necesidad de un Camino o Itinerario de descendimiento a través del cual los bautizados pudieran adquirir conciencia de su realidad de pecadores para llegar a la renovación del Bautismo, ya que este sacramento puerta del cristianismo, aunque eficaz, había quedado sin ser desarrollado plenamente en muchas personas. Paralelamente, los Padres Conciliares hablaban de redescubrir el Catecumenado que existía en la Iglesia primitiva, adaptándolo a nuestros tiempos.

 

Posteriormente se presentó esta realidad en la Santa Sede, donde fue acogida y reconocida a través de diversos documentos de Pablo VI y posteriormente de Juan Pablo II, comenzándose a extender la misma por todo el mundo.

 

En la Diócesis de Asidonia – Jerez se implantó el Camino a petición de D. Rafael Bellido Caro, entonces Obispo Auxiliar de Sevilla y Vicario General de Jerez. San Marcos, de Jerez y San Joaquín, de El Puerto de Santa María, fueron las dos primeras parroquias en acogerlo, fundándose las primeras comunidades en diciembre de 1974.

 

En la Parroquia de Nuestra Señora de los Milagros se inició a petición del entonces Párroco D. Antonio González Montaño, “naciendo” la primera comunidad el 10 de diciembre de 1978.

 

Después de treinta años de desarrollo del Camino y cinco de trabajos de redacción por un equipo de expertos encargados por la Santa Sede, vistos los informes favorables de diversos dicasterios, Juan Pablo II aprobó “ad experimentum” el texto del Estatuto del Camino Neocatecumenal el 29 de junio de 2002. En la Diócesis fue celebrado este acontecimiento con una Eucaristía de acción de gracias presidida en la Catedral de Jerez por el Sr. Obispo, D. Juan del Río Martín el 22 de diciembre del mismo año.

 

Pasados los cinco años que prescribe el derecho canónico, con fecha 11 de mayo de 2008, el Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, a cuyo cargo está encomendado el cuidado del Camino Neocatecumenal, firmó el decreto de aprobación definitiva del texto del citado Estatuto.

 

EXPOSICION

 

Según el citado texto del Estatuto, el Camino “Está al servicio de los Obispos como una modalidad de realización diocesana de la iniciación cristiana y de la educación permanente de la fe, según las indicaciones del Concilio Vaticano II y del Magisterio de la Iglesia”. Se realiza, por tanto, en la Diócesis, bajo la dirección del obispo y con la guía del Equipo Responsable internacional o un equipo delegado de catequistas “itinerantes” que, sintiendo una llamada a esta vocación, han dejado todo para predicar el Evangelio en cualquier parte del mundo a la que se les envíe.

 

El Camino consta de un conjunto de bienes espirituales:

 

1°. El “Neocatecumenado” o catecumenado postbautismal, que a continuación desarrollaremos.

 

2°. La educación permanente de la fe, es decir, la vida de la comunidad cristiana una vez concluido el neocatecumenado.

 

3°. El catecumenado bautismal, instrumento para ayudar a acceder al bautismo al cada vez más elevado numero de personas adultas no bautizadas o provenientes de otras confesiones religiosas.

 

4°. El servicio de la catequesis, por el cual obispos, párrocos, presbíteros, religiosos y seglares en general colaboran en la renovación de la Iglesia, cada uno desde su carisma, a través de esta realidad eclesial.

 

El Neocatecumenado:

 

INTRODUCCION:

 

El Neocatecumenado está dirigido a los “alejados de la Iglesia”, a los bautizados que no han sido suficientemente catequizados o a aquellos que desean simplemente profundizar en su fe, incluidos clérigos y religiosos.

 

No se trata de un movimiento, al no tener una espiritualidad específica, ni de una asociación de fieles, ya que el Camino es asumido por la Iglesia como un instrumento propio para regenerar cristianos, que irán descubriendo y desarrollando paralelamente su particular carisma.

 

Se desarrolla normalmente en las parroquias, lugar privilegiado donde la Iglesia, madre y maestra, engendra en la fuente bautismal a los hijos de Dios y los gesta a la vida nueva. El Párroco por tanto, está al centro de su realización, en comunión con un equipo de catequistas, que lo guían. De esta forma queda patente la doble faceta de la manifestación histórica de Dios a su pueblo, mediante la Institución y el Carisma, personificados en las figuras de Moisés y Aarón o de San Pedro y San Pablo. Esta circunstancia hace también que los neocatecúmenos vayan adquiriendo progresivamente un maduro sentido de pertenencia a la parroquia, suscitando relaciones de comunión y colaboración con todos los miembros de la comunidad parroquial.

 

Es vivido, dentro de la Parroquia, en pequeña comunidad donde, al igual que Jesús en la Sagrada Familia de Nazaret crecía en sabiduría, edad y gracia, en obediencia a José y María, los neocatecúmenos se tornan adultos en la fe, creciendo en humildad, simplicidad y alabanza, sometidos a la Iglesia. Esta comunidad, heterogénea en cuanto a edad, sexo, condición social, cultural etc. de sus miembros, ayuda a entender la catolicidad de la Iglesia. Por tanto cada miembro aprende en su seno a crecer en la comunión con la comunidad parroquial, la diocesana y la universal.

 

INICIO:

 

El Neocatecumenado se inicia con unas catequesis, que se dan durante un periodo aproximado de dos meses, culminando con una convivencia. Esta evangelización tiene como centro la predicación kerigmática, que estará de fondo en todo el proceso neocatecumenal. Estas catequesis son convocadas por el Párroco normalmente una vez al año y las imparte junto con un equipo de catequistas pertenecientes a una comunidad. Los hermanos que culminen este periodo y acepten libremente recorrer el Camino Neocatecumenal constituyen una nueva comunidad.

 

La vida cotidiana de cada comunidad se apoya en el “trípode” citado anteriormente, que es el mismo en que se basa toda la vida de la Iglesia:

 

- Palabra de Dios: Se concreta en una celebración semanal, siguiendo unos temas apropiados para cada etapa del Camino, que es preparada por un equipo con la ayuda de textos que expliquen el Magisterio de la Iglesia como el Catecismo de la Iglesia Católica u otros. Gracias a esta celebración, los neocatecúmenos experimentan el poder de transformación interior que tiene la escucha de la Palabra, que posibilita el cambio de actitudes de vida, sin realizar ningún compromiso o esfuerzo de tipo “moralista”.

 

- Liturgia: Principalmente, la Vigilia Pascual, cuyo misterio está contenido en todos los sacramentos, y como prolongación, la Eucaristía celebrada después de las Primeras Vísperas de cada domingo, además de actos penitenciales o asambleas de oración en tiempos litúrgicos apropiados. De esta forma se descubre el poder real de los sacramentos, resaltándose el valor de los signos, que ayudan a vivir lo que se celebra.

 

- Vida en Comunidad: Cada comunidad celebra una convivencia un domingo al mes en un lugar apropiado fuera de la Parroquia. En ella se contempla la acción de Dios en la historia de salvación de cada hermano y se comprueba la aparición progresiva entre ellos de los signos que deben llamar a los hombres a la fe, es decir, la unidad y el amor en la dimensión de la cruz.

 

FASES:

 

La comunidad tiene encuentros con los catequistas, normalmente una vez al año, en los que mediante convivencias, catequesis, escrutinios y ritos se van jalonando cada una de las etapas. El Neocatecumenado se divide en tres fases:

 

- El Precatecumenado Postbautismal: Es un tiempo para aprender a caminar en la humildad, es decir, de descendimiento, hasta llegar a tener conciencia de la propia realidad de pecador, desentrañando los engaños del demonio, y descubrir a un Dios misericordioso que en Cristo, perdona los pecados.

- El Catecumenado Postbautismal: En este período la Iglesia enseña a los neocatecúmenos a combatir contra las tentaciones del diablo, haciendo entrega de los misterios de la fe: la oración de los salmos, recogida en la Liturgia de las Horas, el Credo, testimoniado públicamente, el Padre Nuestro, síntesis del Evangelio y la maternidad de la Virgen María. Son iniciados por tanto a hacerse pequeños y a vivir en la simplicidad, abandonados filialmente a la paternidad de Dios, protegidos por la maternidad de María y de la Iglesia, en fidelidad al sucesor de Pedro y al Obispo.

- La Elección: Es la etapa de aprender a vivir en la alabanza, convirtiendo la vida en una liturgia de santidad al discernir y hacer la voluntad de Dios en cada momento de la existencia. Se comprueba que va apareciendo progresivamente el hombre nuevo descrito en el Sermón de la Montaña, que no se resiste al mal y ama al enemigo.

- Culmina todo el proceso neocatecumenal con la solemne renovación de las promesas bautismales en la

Vigilia Pascual, presidida por el Obispo y posteriormente con una peregrinación a Tierra Santa.

A partir de entonces los hermanos viven conscientes de no haber conquistado nada, de la precariedad de la

vida de fe y la necesidad de la conversión diaria hasta el día de la muerte.

 

PASTORALES PARTICULARES:

 

Con el paso del tiempo se ha visto la necesidad de ayudar específicamente a los diferentes colectivos dentro de las comunidades. Así se tienen actividades propias de:

 

-Pastoral juvenil: Promoviendo la participación en las jornadas mundiales de la juventud convocadas por el Santo Padre.

-Pastoral familiar: Transmitiendo la moral familiar que predica la Iglesia a través de catequesis en distintos momentos del proceso catecumenal.

-Pastoral vocacional: Ayudando en su discernimiento a los jóvenes que son llamados a la vida consagrada.

 

LOS FRUTOS

 

Pasados los años el resultado de la acción del Espíritu Santo a través del Camino Neocatecumenal en la Iglesia ha dado numerosos frutos de conversión:

 

-Matrimonios reconstruidos y abiertos a la divina providencia, aceptando los hijos que Dios envíe; hijos reconciliados con sus padres; personas rescatadas de la depresión o de vicios como el alcohol, la droga, el juego, la sexualidad desordenada. En los hermanos comienza a aparecer el espíritu cristiano de amor al enemigo, visibilizándose en un testimonio vivo que se concreta en cada faceta de la vida: la familia, el vecindario, el mundo laboral, la universidad,... para cumplir la misión de la Iglesia de ser luz, sal y fermento de la sociedad.

 

Además, surgen de entre los hermanos de la comunidad carismas concretos:

 

- Catequistas de adultos que dedican parte de su tiempo a evangelizar en su parroquia o otras. -Catequistas que aceptan dejar su casa y marchar a otro sitio, viviendo de forma itinerante en la precariedad. -Familias que ofrecen sus vidas para ir como misioneros a lugares del mundo descristianizados donde la Iglesia les envíe.

- Chicos que sienten la llamada al presbiterado, ingresando en el seminario diocesano o en uno de los Seminarios Diocesanos Misioneros “Redemptoris Mater” (actualmente 64 en todo el mundo), cuyos miembros son formados específicamente para la vida misionera.

- Chicas que, sintiendo la llamada a la vida consagrada, deciden entrar a formar parte de alguna orden religiosa.

- A partir de cierta etapa del Camino todos los neocatecúmenos comienzan a colaborar en las distintas actividades pastorales de la Parroquia: Catequesis de niños y jóvenes, pastoral familiar, Cáritas, liturgia, visita a enfermos, a ancianos o a las cárceles, etc…

- Paralelamente comienzan algunos hermanos a descubrir su vocación hacia carismas concretos y se van incorporando a diferentes asociaciones de carácter religioso, como hermandades, cofradías, Acción Católica, o de tipo civil, como asociaciones de padres, de vecinos, de familiares de enfermos... sin que ello suponga incompatibilidad con el Camino.

 

DATOS ESTADISTICOS

 

Aunque las cifras son importantes en la medida que suponen un signo de que esta obra no es humana, sino de Dios, evitando cualquier tipo de vanagloria, citamos algunas:

 

Según datos actualizados (sacados de una revista especializada), el Camino Neocatecumenal cuenta con 16.700 comunidades en 106 países, repartidas en 883 diócesis y 6.000 parroquias. Siguen este camino aproximadamente un millón de personas, incluidos unos 1.500 seminaristas y 3.000 presbíteros.

 

En la diócesis de Asidonia – Jerez, está implantado en 19 parroquias entre las que se distribuyen 80 comunidades, contando con un total de unos 1.500 miembros.

 

En la Parroquia de Nuestra Señora de Los Milagros de El Puerto de Santa María actualmente están haciendo el Camino 250 personas repartidas en 9 comunidades, aunque podemos decir que varios cientos más han participado del mismo en algún momento, pero libremente lo han dejado, ya que no existe ningún tipo de compromiso. Entre ellos hay 6 presbíteros, 52 matrimonios, unos 60 jóvenes, 26 viudas, etc. Hay 37 catequistas de adultos distribuidos en 4 equipos. Unos 130 hermanos trabajan en las diferentes actividades de la pastoral parroquial: de ellos, 20 en catequesis de niños y jóvenes, 38 en pastoral familiar, 30 en visitas a enfermos, 16 en pastoral de exequias, 10 en Cáritas, 20 en liturgia y un equipo de catequistas de adultos visita semanalmente a los internos de la prisión Puerto-2.

 

En resumen, el Camino Neocatecumenal es una inspiración del Espíritu Santo que, como una de tantas hoy en día, está ayudando a la puesta en práctica en las parroquias de la renovación de la Iglesia propuesta por el Concilio Vaticano II, tan necesaria en la sociedad actual, que ha pasado de la cristiandad a una veloz paganización, revestida a veces de costumbres religioso-naturales. Sus miembros son conscientes de esta realidad y no pretenden ser ni más ni menos que lo que Dios ha inspirado que sean y la Iglesia así lo ha certificado.