Testimonio para la Cena de Alpha España

Buenas noches.
Me llamo José María, aunque algunos me conocen como “el cura del Jarama”, porque mi parroquia está justo al lado del circuito.
Y os aseguro que, en estos 24 años como sacerdote, he vivido más curvas, frenazos y acelerones que cualquier coche de Fórmula 1.
Pero también he visto a Dios actuar.
Milagros de verdad
Nada más ordenarme, me mandaron a dos parroquias: una de 7.000 habitantes y otra de apenas 300.
Con 24 años y recién salido del seminario, ¡ya al frente de dos pueblos! No era un destino pastoral… era un máster acelerado en humanidad.
Fueron cinco años de entrega total. Amigos que aún conservo, peregrinaciones, procesiones, tejados arreglados…
Fue mi “luna de miel sacerdotal”.
Pero con el tiempo, empecé a notar algo: mucha actividad… pero poco fruto nuevo.
Era como sembrar sin ver brotes. ¿Estaba manteniendo… o transformando?
A Santo Domingo
En 2007, el obispo me envió a Santo Domingo.
Urbanización tranquila, mucha vida sacramental… pero poca vida comunitaria.
Bonitas casas, jardines cuidados, misa cumplida… y vecinos que apenas se conocían.
Era como tener una parroquia llena… pero una comunidad vacía.
Me agarré al consejo de los sacerdotes mayores: “el primer año no cambies nada; observa, reza y calla”.
Y así hice.
Mantuve todo, incluso dos actividades que, la verdad, no me ilusionaban: unas charlas de unos misioneros y unas oraciones ecuménicas con otros cristianos no-católicos.
Pero Dios, que actúa donde menos te lo esperas, me regaló ahí dos cosas:
una nueva visión misionera… y una amistad con un pastor evangélico, y su comunidad.
Un día, uno de esos amigos evangélicos me dice:
— José María, tienes que probar Alpha.
Y yo, inocente, le pregunto:
— ¿Eso qué es? ¿Un yogur con bífidus?
Nos reunimos a comer (porque en la Iglesia todo empieza con una comida, como aquí esta noche), y salí de esa comida con un sí …
Vamos a lanzarnos con Alpha.
Alpha es sencillo: 10 semanas, una comida, un vídeo, y un diálogo sincero en grupos pequeños.
Pero lo que pasó fue todo menos sencillo: fue transformador.
Personas que venían con curiosidad… salían con esperanza.
Creyentes rutinarios… redescubrían la fe con alegría.
No creyentes… encontraban respeto, escucha, amistad.
Y lo más sorprendente: ¡la mayoría terminó el curso!
Eso, en en una actividad de la iglesia, es casi como multiplicar los panes… y con postre incluido.
Pero Alpha no solo cambió a los participantes. Me cambió a mí.
Aprendí que evangelizar es escuchar antes que hablar.
Que la gente no necesita discursos… necesita pertenecer.
Y que el Espíritu Santo se mueve con libertad… especialmente si le dejamos espacio entre plato y plato.
Sin parar 🙂
Desde entonces, 2011, no hemos parado.
El último invierno hemos hecho Alpha cenas, desayunos, jóvenes, online, incluso en prisiones.
Más de 200 personas han participado solo este último invierno.
Pero lo más fuerte no es el número.
Lo más fuerte es que Alpha no solo ha transformado vidas… ha transformado comunidades enteras.
Hoy tenemos en la parroquia:
• Grupos que se reúnen mensualmente desde hace 14 años
• Una adoración misionera mensual con más de 2.000 personas
• Una escuela de discipulado
• Y 29 ministerios parroquiales… de los cuales ¡20 nacieron después de Alpha!
• Ayudamos a otras parroquias a emprender un proceso de renovación parroquial.
Antes éramos una parroquia de “supermercado religioso”.
Hoy somos una comunidad viva, en salida, con identidad misionera.
Eso es lo que hace Alpha: no solo cambia personas… cambia parroquias, cambia diócesis, cambia la Iglesia.
Os comparto algunos testimonios reales.
Porque detrás de cada silla… hay una historia.
Y detrás de cada historia… una vida nueva.
Nicolás, 16 años
Iba a misa con pereza. Sentía un vacío.
Su amiga lo invitó a Alpha. Dudó… pero fue.
Encontró libertad, respeto y amigos de verdad.
Hoy dice que va a misa con alegría.
(Sí, ¡a los 16 años… también pasa!).
Diego, 18 años
Hizo Alpha online desde Pamplona.
Descubrió que su relación con Jesús podía ser personal.
Aprendió a aceptarse, a quererse… y recomendó Alpha a su madre.
Lourdes, su madre
Ella misma dice:
“Alpha ha sido el gran descubrimiento del Espíritu Santo. Es oración. Es sentir el amor de Dios.”
Poco más que añadir.
Virginia, desde Colombia
Estaba lejos de su comunidad. Una amiga la invitó a Alpha online.
Descubrió a un Jesús nuevo, cercano, que no conocía.
Dice que fue una experiencia única. ¡Y eso que ya había hecho de todo!
Tomás
Dice: “Alpha ha sido una verdadera medicina para el alma.”
Cada sesión le ofreció un mensaje nuevo que tocó su corazón y fortaleció su relación con Dios.
Y lo más importante:
ha descubierto al Espíritu Santo como un Amigo cercano, presente, que lo sostiene y le da fuerza.
Gracias a Alpha, su fe ha echado raíces más profundas y sigue creciendo día a día.
Y como broche final…
Félix
Él lo resume así:
“Alpha ha sido una forma especial de acercarme a Jesús, acercándome a otros hermanos. He compartido emociones, oración, la Palabra, las inspiraciones del Espíritu… Y todo eso ha creado una pequeña familia dentro de la Iglesia. Una hermandad verdadera, en el Espíritu.”
Esta noche hablamos de hacerlo posible para muchos más.
Para que otros Tomás, otras Lourdes, otros Félix, otras parroquias, otras generaciones… descubran lo mismo:
Que Alpha es obra del Espíritu Santo.
Que transforma vidas. Y transforma comunidades.
Alpha tiene una visión clara:
evangelizar las naciones, revitalizar la Iglesia y transformar la sociedad.
Y no es solo una frase.
Está ocurriendo. En parroquias como la mía.
Gracias a Alpha… y gracias a personas como vosotros.
Si nunca has hecho Alpha, hazlo, no pierdas la oportunidad.
Pero esta noche, más que invitarte a vivirlo, te invito a hacerlo posible.
Gracias por estar aquí.
Gracias por vuestra generosidad.
Y gracias por soñar con nosotros una Iglesia viva, en movimiento, misionera.
Porque aunque la vida tenga curvas…
con Alpha, el Reino de Dios avanza como en el circuito del Jarama: rápido, apasionado… y sin miedo.
Gracias de corazón a todos.


